Empieza la semana y de nuevo tienes delante un montón de tareas y unas cuantas decisiones para tomar ¿estás preparado?

Es el momento de decidir cómo quieres vivir tu semana y cuánto de difícil o de fácil quieres que sea. Y seguro que pensarás, ¿pero cómo que cuánto de fácil quiero que sea? ¡Por supuesto que yo quiero hacerlo fácil pero algunas cosas no lo son!

Y así es, tienes toda la razón. Hay cosas que por mucho que tu quieras hacerlas fáciles, son complicadas.

La idea que yo te planteo y te ofrezco aquí es que tú elijas cómo quieres percibirlas porque las decisiones que tomes y los resultados que obtengas van a depender de esto: de cómo tú seas capaz de percibir y vivir lo que veas o lo que oigas.

Desde el miedo o desde la libertad… tu eliges cómo quieres decidir

Hay dos formas de decidir:

  1. En modo piloto automático: se enciende cuando estás viviendo muy enfocado hacia lo externo, hacia todo lo que te rodea. Esto simplemente significa que le das mucha importancia a la opinión de los demás y, o bien lo que dices y haces lo basas en la proyección que haces de cómo te van a juzgar, o bien intentas convencer a los demás de que la razón es tuya.

Tomar decisiones desde el piloto automático te hace sentir miedo, desconfianza, queja, búsqueda exterior de la satisfacción… y esto inevitablemente conlleva sufrimiento.

  1. En modo siendo tú mismo: eres fiel a tu instinto y a lo que realmente quieres hacer en tu vida y tomas acciones que te acercan a los lugares en dónde te quieres ver. Desde este prisma, tomar decisiones te produce bienestar, no experimentas contracción, ni angustia en el pecho, ni dolor de garganta, no sientes el abismo que sucederá a la decisión que vas a tomar.

Cuando tomas decisiones siendo fiel a ti mismo sientes libertad, hay ausencia de miedo, tienes confianza plena en la vida porque entiendes y aceptas que todo tiene una razón de ser, que todo ocurre por algo. Cuando la toma de decisiones la haces desde lo que te hace sentir bien, también sientes la aceptación (que no resignación) de las situaciones tal y como son, sin resistencia y sin querer cambiarlas.

Cambiando tu percepción cambias todo y permites que la mejor decisión aparezca

Ten en cuenta que no es una situación externa lo que nos causa disgusto. Son nuestros pensamientos acerca de esa situación lo que nos lo causa. Son tus pensamientos lo que te hacen sufrir, es decir, son tus pensamientos lo que dificulta tu toma de decisiones.

Para tener éxito en tu toma de decisiones, se coherente con lo que sientes por dentro. Es fácil: date cuenta de tus pensamientos y obsérvalos antes de tomar una decisión que no tienes clara. Al observarlos, comprobarás todo lo que te estás diciendo a ti mismo y no te creerás lo negativo que es. Si tus pensamientos fueran positivos, sencillamente te sentirías bien y tomarías la decisión sin dificultad.

A la hora de tomar una decisión debemos hacerlo desde la más absoluta aceptación de lo que queremos. Si ante dos opciones, la que piensas más apropiada y que debes elegir te crea malestar o temor, lo primero que debes hacer es aceptar esa emoción de miedo que te llega y reconocerte a ti mismo lo que sientes. En lugar de negarlo, admítelo porque así vas a hacer que pierda fuerza y te permitirá saber si estas tomando la decisión en modo piloto automático o en modo tú mismo. Al crear espacio para la calma, podrás ver con claridad cuál es la decisión más adecuada para ti.

Estamos educados para tomar decisiones desde el sacrificio, desde el sentimiento del debo de, tengo que, desde mucha obligación.

La realidad es que podemos tomar decisiones desde una perspectiva más llevadera, con una conciencia más creativa, aceptando las cosas que ocurren y eligiendo desde el conocimiento de lo que realmente somos y lo que nos hace sentir bien.

Tú eliges.

Una decisión tomada desde un sentimiento de bienestar y de libertad tendrá resultados mucho más apasionantes e inspiradores que si la elección la tomas desde el temor y la obligación.

Tu eliges.

Y otra cosa importante, no pospongas la toma de una decisión. Si decidir algo en particular te genera malestar y pensamientos como “que pasará si hago esto, que haré si no me responden…”, es normal que aparezca el miedo ante. Lo mejor que puedes hacer es aceptarlo, si no lo haces y optas por dejar la decisión para mañana, ten claro que único que estás haciendo es desplazar para mañana el miedo que sientes ahora. Si vives en el ahora y le das espacio, mañana tendrás solucionado ese problema.

 Tomar decisiones desde lo que te hace sufrir y el sacrificio… o desde lo que te libera y te hace sentir bien.

 Tu eliges.

 Como decía el filósofo americano Ralph W. Emerson, “el elemento que más batallas ha ganado al ser humano es el miedo”.

 No permitas que el miedo frustre tu toma de decisiones diaria. Los pensamientos llegan a ser un atolladero, un lugar del que resulta difícil salir. No me cansaré de recomendarte que evites dejarte arrastrar hacia ese lugar permitiendo dejarte llevar por tu intuición. Seguir tu intuición es dicha, lo otro es pesadumbre.

Se trata de decidir lo que quieres o lo que debes. O tú tomas las riendas o dejas tu poder personal en manos de los demás.

Tu eliges.

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